viernes , 27 de noviembre 2020
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El ser revolucionario no es un hecho de consanguinidad

Empiezo este texto recordando las históricas palabras de la recordada “hermana devota del Héroe”,  María Antonia Bolívar, nombrada así en la edición de 1943 de la Revista Bolivariana a quien fuera la hermana de nuestro Libertador Simón Bolívar: “Vi sucederse las vicisitudes y progresivos horrores de tan funesta revolución con el dolor propio de una mujer reflexiva y de una tierna madre que veía desaparecer a tranquilidad general.

Y es que la hermana del libertador de naciones era ampliamente conocida en la época colonial por adversar al sistema que promocionaba su propio hermano y por ser en consecuencia defensora a ultranza de la monarquía española. En concordancia, parientes de la dirigencia actual revolucionaria no deben ser asumidos como afines del proceso solo por mantener un nexo filial.

Sin embargo y bajo estas  características antes expuestas, la mujer nunca doblego su postura como tampoco impidió el transcurrir del proyecto emancipador. En el libro “La criolla principal”, escrito por Inés Quintero, quien es historiadora de la Universidad Central de Venezuela (UCV), investigadora y docente en la Escuela de Historia Republicana de Venezuela, se detalla la vida de la controvertida mujer.

A María Antonia lo que más le disgustaba era como la llegada de la revolución había acabado con los privilegios y estilo de vida otorgados a la clase entonces dominante por parte de la castilla. En ese sentido, luchaba desde su conocida casa ubicada a pocos metros de la de su hermano porque no e fueran arrebatados sus bienes y posesiones, dejando en claro sus marcados intereses económicos.

En contraposición, vemos como al día de hoy individuos caracterizados por su afinidad familiar o de mero amiguismo con representantes de empresas socialistas, son en primer lugar, colocados en puestos claves dentro de la administración pública y luego premiados con cuanto beneficio social ha generado el gobierno en estos 18 años a pesar de ser en la mayoría de los casos la piedra de tranca para el avance de los procesos.

Lo que se dice no es un secreto a voces, son continuas las denuncias que se hacen desde dentro de la militancia revolucionaria y del pueblo en general, que claman por purgar de una vez por todas el partido revolucionario (PSUV) de oportunistas que a diferencia de María Antonia Bolívar, no se muestran como son y en cambio andan de camaleones.

El dirigente Diosdado Cabello, hace pocos meses hablaba de lo importante de hacer una revolución dentro de la revolución, depurando toda cuanta administración pública se pudiese de los llamados infiltrados que solo trabajan por socavar los cimientos en donde se encuentra edificado el sistema social.

El merito al trabajo y al profesionalismo debe ser ya reivindicado en todos los lugares tanto públicos como privados  y execrar de una vez los sentimentalismos que nos mantienen atados al fracaso, ya que al mismo Bolívar no le tembló el pulso con su familia para avanzar por el fin de liberación patriota.

En tanto, el rescate de la moral ha de ser una prioridad para lograr el fin propicio de una sociedad justa, a través de la llamada “suprema felicidad”, ya anunciada por el Libertador como sueño cuasi equivalente al proyecto integrador de la Gran Colombia.

El nepotismo y el amiguismo no son buenos conductores de victorias cuando la siembra en la propia casa nunca ha cosechado buen fruto. Como bien reza un refrán del argot venezolano: “zapatero a su zapato”.

Redacción: Ariana Solórzano

arianasolorzano025@gmail.com




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